Algunas cuestiones claves
- Para orientarnos en esta búsqueda debemos prestar atención a nuestras ganas: ¿Qué
tenemos ganas de vivir, y cómo? Obviamente la pura espontaneidad deseante no
nos servirá para reorientar las prácticas: necesitaremos pensar nuevos caminos,
desempolvar la imaginación y la intuición para diseñar estrategias y acciones
novedosas.
- Precisamos alivianar dentro nuestro el poder de “verdad” que tiene lo
establecido como valioso y verdadero por la educación que recibimos. Esto
requiere repensar la validez del sentido a partir del cual percibimos ciertas
formas de vivir como buenas (y las repetimos aunque no nos hagan felices) y
damos otras por malas (sin examinar si realmente son dañinas para nuestra vida
o para la de los demás).
- Necesitamos tomar contacto con lo que deseamos vivir, que casi
siempre está atrapado por los prejuicios del mundo viejo. Podemos ablandar esos
prejuicios para traspasarlos y poder vivir más allá de ellos.
- Conviene que nos autoricemos a pensar y validar proyectos y conductas que
hasta ahora no nos hemos atrevido a imaginar y desear, o que descartamos por
incorrectas o imposibles ni bien afloran a nuestra mente. ¿Y si fueran mejores
opciones, practicables y posibles?
- Es importante invitar a las personas que conforman nuestro entorno
(familiar, laboral y social) a compartir esta búsqueda de sentido y a encontrar
nuevas formas de relacionarnos. Es preciso que aprendamos a
vincularnos con ellos en tanto aliados que se potencian mutuamente, y no como
jueces que dictaminan desde el rol de policía de la “buena
conducta” establecida.
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