Un cambio de fuente
Las personas somos parte del mundo y nuestras formas de vivir cambian con él.
Desde hace cincuenta años el mundo experimenta modificaciones radicales, y los
que hoy estamos vivos necesitamos sintonizar con el nuevo estado de cosas.
Pero, ¿por dónde comenzar esta búsqueda? La fuente dadora de sentido que
heredamos de los siglos anteriores estaba en el deber y esto apuntaba siempre
al resultado utilitario de las experiencias, y no al disfrute de cada presente
vivido. Los cambios que están ocurriendo sugieren una mutación: en la
actualidad la conexión con la fuente de sentido está en el deseo; la pregunta ya no
es “cómo se debe vivir”, sino “cómo quiero
vivir”.
El hecho de asumir que somos seres deseantes y validar aquello que pulsa en
nuestros deseos nos permitirá conectar con nuevos horizontes de sentido.
Generará en cada uno actitudes y propuestas más amistosas con los otros y con
las cosas, más interesadas en la alegría y el goce de vivir. Esto irá dando
lugar a una nueva forma de convivencia en la que nos relacionaremos con los demás
desde la alianza, la inclusión y el amor, y no desde la competencia, el uso y
la exclusión.

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